El dios de Einstein

Siguiendo con el avance del blog, vamos a inaugurar la sección “Bienvenidos los trolls”, debido al contenido religioso o político de algún que otro post. En esta ocasión voy a tratar de dar una idea general, abarcativa  del pensamiento religioso del ser más brillante de la historia, un tipo que le tengo mucha admiración y que me he dedicado a leerlo en multitudes de libros, desde biográficos hasta los que describen sus obras cumbres (mi biblioteca lo atestigua), el viejo y conocido Alberto Einstein.  Al interesado le digo que se ajuste el cinturón y se sumerja en esta aventura del conocimiento y al que no será hasta la próxima.

Einstein en un momento de descanso durante una entrevista

 

Al hablar del pensamiento religioso de Einstein, uno se cruza con múltiples inconvenientes. La cantidad de información disponible en “Guguel” es inconmensurable pero a la vez dispersa. Por otra parte, como cualquier ser humano el buen hombre fue cambiando su parecer con el correr de los años aunque nunca alejándose de la idea principal. La intención de este novel escritor(?) de blog es transmitirles los pensamientos que el genio fue revelando respecto a su relación con un ente supremo.

Pérmitame empezar con una anécdota.

Una noche en Berlin, Einstein y su esposa estaban en una cena cuando uno de los invitados manifestó sus creencias en la astrología. Einstein ridiculizó la idea como pura superstición. Otro invitado se levantó y denigró de modo parecido la religión. Afirmó que la creencia de en Dios era como una especie de superstición. En ese momento el anfitrión trató de acallarlo invocando el hecho de que incluso Einstein albergaba ideas religiosas.

-No es posible!- Exclamó el huésped escéptico, volviéndose hacia Einstein para preguntarle si de verdad era religioso.

-Sí, puede llamarlo así -repuso en tono calmado-. Trate de penetrar con nuestros limitados medios los secretos de la naturaleza y se encontrará con que, detrás de todas leyes y conexiones discernibles, sigue habiendo algo sutil, intangible e inexplicable. La veneración por esta fuerza que va mas allá de todo lo que podemos comprender es mi religión. Y en esa medida soy religioso.

La religiosidad (o la falta de ella) de Einstein parecía ser un problema mayor para mucha gente. Entrevista que le hacían, entrevista que le preguntaban si creía en dios o no. Por ello, pretendió expresar esos sentimientos con claridad, tanto para sí mismo como para todos aquellos que deseaban de él una respuesta sencilla sobre su fe. De modo que en el verano de 1930, mientras se dedicaba a navegar y reflexionar en el pueblo de veraneo de Caputh, compuso un credo personal, “Lo que creo”. Éste concluía con una explicación de lo que quería decir cuando se calificaba a sí mismo de religioso:

“La más bella emoción que podemos experimentar es el misterio. Es la emoción fundamental que subyace a todo arte y ciencia verdaderos. Aquel que desconoce esta emoción, que ya no puede maravillarse y sentirse arrobado de sobrecogimiento, es como si estuviera muerto, como una vela apagada. Sentir que detrás de todo lo que podemos experimentar hay algo que no pueden captar nuestras mentes, cuya belleza y sublimidad nos alcanza solo de manera indirecta; eso es la religiosidad. En ese sentido, y solo en este sentido, yo soy un hombre devotamente religioso.”

A su vez, un banquero de Colorado escribió que había recibido ya la respuesta de 24 premios Nobel a la pregunta de si creían en Dios, y le pidió a Einstein que la respondiera él también. “No puedo concebir un Dios personal que influya directamente en la acciones de los individuos o que se siente a juzgar criaturas que él mismo ha creado. Mi religiosidad consiste en una humilde admiración por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que podemos comprender del mundo cognoscible. Esta convicción profundamente emocional de la presencia de una potencia racional superior, que se revela en el incomprehensible universo, constituye mi idea de Dios”.

En otra ocasión, un chico de sexto curso (equivalente argento a sexto grado) le preguntó si los científicos rezan, a lo que respondió:

“Todo el que se dedica en serio a la ciencia se convence de que un espíritu se manifiesta en las leyes del universo; un espíritu inmensamente superior al hombre, y uno ante el que nosotros, con nuestros modestos poderes, debemos sentirnos humildes. De ese modo la actividad de la ciencia lleva a una clase especial de sentimiento religioso, que de hecho resulta distinto de la religiosidad de alguien más ingenuo.”

Por supuesto que con su postura particular, Einstein se ganaba enemigos públicos, uno de ellos fue Henry O´Connell, obispo de la Catedral de Boston, que dijo: “dudo muy seriamente de que el propio Einstein sepa realmente lo que está dando a entender”.  También, ante su inminente visita a la ciudad,  intentó inculcarle a sus feligreses un perfil ateísta del buen hombre “El resultado de esta dudosa y oscura especulación sobre el tiempo y el espacio es una capa bajo la que se oculta la espantosa aparición del ateísmo”, concluyó el hombre de Dios.

Aquel ataque público por parte de un catedral llevó al célebre líder judío ortodoxo de Nueva York, el rabino Herbert Goldstein, a enviar a Einstein un telegrama bastante directo: “¿Cree usted en Dios? Stop. Respuesta pagada, 50 palabras”. Einstein apenas usó la mitad del número de palabras permitido, en un texto que se convertiría en la versión más famosa de una respuesta que solía dar a menudo y que a mi entender, es la más esclarecedora (y bella) que he podido encontrar:

“Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la legítima armonía de todo lo que existe, pero no en un Dios que se ocupa del destino y de los actos de la humanidad”

Espero poder haberles brindado una idea general de lo que este ser supremo (Einstein, no Dios, «Insert Cuack») creía con respecto a una divinidad. Concluyendo, uno está tentado a razonar que el pensamiento religioso de Einstein se encuentra en concordancia con el de la gente común, aquellos que no se describen ateos, aquellos que no creen que exista un Dios castigador y que está atento a nuestros actos y nuestro destino, aquellos que si creen que hay “algo”, una fuerza mayor, un ser superior, que domina el ritmo general del universo.

PD: El autor del post es estrictamente ateo, al igual que el resto del equipo del blog.

PD2: El libro guía con que se realizó este post es el ultrarecomendado “Einstein, su vida y su universo” de Walter Isaacson.

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8 respuestas a El dios de Einstein

  1. ye olde fox dijo:

    Magistral descripción del pensamiento de Einstein respecto a la religión y como sabe querido compañero también admiro profundamente al querido Albert. Muy bueno…

  2. El Troll dijo:

    Che gracias por la invitaciòn y el telegrama de A. E. Sin lugar a duda, este hombre, no era ateo.

  3. Raúl dijo:

    Einstein era ateo con el favor de dios.

  4. Gracela dijo:

    Excelente!
    Una hermosa semblanza de Einstein.
    Creo en un Dios similar al de Espinoza y al de Einstein y además,no creo que exista una sola persona humana atea. Todos tenemos un Theo palabra griega, en quién creemos,a quién creamos y desde dónde nos sostenemos,ciéntifica o espiritualmente.
    Te felicito. Un placer leerte.Seguí escribiendo,quiero más.

  5. Pingback: Feynman, física y religión | Animal de Ruta

  6. Herlinda dijo:

    Dios existe! Cada quien explica su su concepción y y percepción de acuerdo a los elementos de los que dispone. Gracias por compartir.

  7. Gracias, me viene fenomenal para una charla fe-justicia que ando cocinando. Salu2.

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